En memoria de Abel, profesor de historia

Desde luego, el adolescente homicida de Barcelona es digno de atención y estudio. Pero el olvido que ha caído sobre Abel, el profesor cuya vida quitó ese adolescente, es incomprensible.

Esta carta llegó al diario El Mundo para reivindicar la memoria de este profesor y pedir algo: que se le conceda, a título póstumo, la Cruz de Alfonso X el Sabio. Se trata de una distinción civil cuya finalidad es descatar los méritos de una persona en el ámbito de la educación, la ciencia, la cultura, la docencia o la investigación. Y Abel dio su vida (1).

ScreenShot

Una carta al director de ‘El Mundo’.

 (1) Finalmente, el 8 de mayo de 2015 el Gobierno concedió, a título póstumo, la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio a Abel Martínez Oliva, el profesor que el pasado 20 de abril perdió la vida a manos de un alumno en un instituto de Barcelona. Lo habían pedido, entre otros, la Asociación Nacional de Profesionales de la Enseñanza (ANPE), sindicato de la enseñanza pública, y casi 90 000 personas a través de una campaña de Change.org.

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El caso del homicida de la ballesta

Ganas de matar: extrañas ganas.

¿Un alumno afectado por un brote psicótico? Habrá que ver lo que dicen los psiquiatras, pero, de momento, ¿no es imprudente que los medios de comunicación den ideas difundiendo sus métodos?

Ésta es parte de la portada de El Mundo de hoy mismo, con una frase dicha por el alumno que ayer mató a un profesor e hirió a varias personas en un instituto público Joan Fuster de Barcelona; parece la declaración de un perturbado y quizá lo sea.

Televisión Española añade en su página web un dato destinado a avalar la tesis de la psicopatía: «Compañeros del presunto agresor han explicado que el joven había repetido en varias ocasiones la semana pasada que iba a matar a todos los profesores y luego se iba a suicidar».

Junto con esto, varios medios de comunicación han revelado dónde se puede conseguir información sobre cómo fabricar una ballesta casera, lo que podría inspirar a otros estudiantes, conocedores ahora de las instrucciones necesarias para fabricar artilugios que matan.

De hecho, en Twitter pueden leerse ya algunos testimonios de alumnos también aficionados al bricolaje violento. Con una sorna no exenta de descaro, uno de ellos escribe: «Pues yo tengo una ballesta en mi casa y ganas de matar profesores no me faltan, pero soy demasiado vago».

(Facebook, 21 / abril / 2015)

Abel Martínez Oliva, profesor muerto a manos de un alumno

UN PROFESOR MUERTO ALCANZADO POR UNA BALLESTA DISPARADA POR ALUMNO, Y VARIOS HERIDOS

Camilla con el cuerpo del profesor asesinado (Imagen: ‘El Mundo’).

El trágico asunto de ayer mismo (1): un adolescente de 13 años entra en el instituto público Joan Fuster de Barcelona, donde cursa estudios; va armado: una ballesta de fabricación casera, un hacha y material para elaborar un cóctel molotov, según informará después Libertad Digital. Busca a sus profesores y, con un lanzamiento de ballesta, hiere a uno de los que había confesado tener en una ‘lista negra’; luego a otro Abel Martínez Oliva, que lleva solo 15 días en el centro lo mata de un hachazo; y finalmente agrede a varios alumnos hasta que el profesor de educación física consigue reducirle.

Hagamos un pronóstico: ¿cuántos minutos faltan para que alguien los miembros de una asociación de padres de alumnos, por ejemplo, o un contertulio televisivo, o una autoridad pública exoneren al agresor de una parte de su culpa aduciendo que nuestro sistema educativo tiene ‘un problema’ y cuánto tardarán algunos políticos en derivarlo de la tarea profesoral?

Abrimos Facebook, donde nos espera el primer bidón de agua fría: «Se trata dice alguien de un desgraciado accidente». Hasta ahora un accidente era, que sepamos, una eventualidad inesperada; tres intentos de asesinato y uno consumado son actos conscientes y planificados por una mente inmadura pero moralmente preparada para distinguir el bien y el mal. Pero en Twitter ya hay quien pone en duda esta capacidad para el discernimiento moral, pues el adolescente «había sufrido un brote psicótico antes». ¿Con ballesta, hacha y cóctel molotov incluidos o no tan manifiesto?

Televisión Española añade un dato destinado a avalar la tesis de la psicopatía: «Compañeros del presunto agresor han explicado que el joven había repetido en varias ocasiones la semana pasada que iba a matar a todos los profesores y luego se iba a suicidar». Junto con esto, algunos medios de comunicación han revelado dónde se puede conseguir información sobre cómo fabricar una ballesta casera por si hay otros adolescentes dispuestos, debe de ser, a la realización de tan inocente manualidad: todo está muy cerca, en YouTube. Como si les dijeran: «Mirad los vídeos, muchachos, lo tenéis fácil».

Mientras ABC afirma que las investigaciones descartan que el adolescente tuviera una lista negra de profesores, La Voz de Galicia insiste en la posibilidad del trastorno mental, ya que «el supuesto [sic] agresor de la ballesta declaró que oía voces que le animaban a matar». Además de considerar ‘supuesta’ una autoría evidente para todos, La Voz de Galicia incluye este testimonio de un compañero de clase del homicida: «Nos había contado que quería entrar en el Ejército para aprender a manejar armas y después volver a clase para matar a los profesores». ¿Una baladronada? Hubiera podido ser… sino fuera porque algunos alumnos comentaron también «que el chico presumía de lo fácil que es cometer un atentado en la escuela y les explicaba cómo se fabrican bombas caseras». El baladrón sólo fanfarronea y esto es habitual en un adolescente reacio a la labor educativa, que sueña con destruir porque le impone obligaciones; pero si el baladrón dice que sabe cómo fabricar bombas y cometer atentados, la harina pasa a ser de otro costal: ya no es una baladronada, sino una amenaza.

Por otra parte, como alumno caracterizado por su taciturnidad, el autor de  la muerte de Abel Martínez parece bastante peculiar, sobre todo por su locuacidad, que no concilia bien con los taciturnos habituales. ¿Todo eso confesó a sus compañeros a pesar de que, según dicen, «siempre estaba solo»? Y si era así, tan solitario, ¿cuándo les hizo las siniestras confidencias que ahora refieren? ¿Y cómo? ¿Por Whatsapp?

Pero, a fin de redondear la caracterización, a La Voz de Galicia aún le queda algo que añadir: «En su pupitre de clase había dibujados símbolos nazis, como una cruz gamada». Es decir, lo que hacen muchos adolescentes simplemente por molestar, y no porque sean nazis. (También suelen dibujar detalladas obscenidades, lo que no significa que las practiquen.)

Se impone, aquí, una pregunta: si tantos alumnos sabían que el joven de la ballesta tenía esos planes, ¿por qué no advirtieron de ello a sus profesores? Televisión Española nos lo aclara: «Varios [de sus compañeros] han asegurado que llevaba tiempo planeándolo [matar a los profesores] y que tenía una lista con nombres [la lista negra que ABC rechaza], pero que consideraron que era una broma». ¡Pues vaya una broma! Así como es fácil considerar que dibujar una esvástica no implica adhesión alguna al nazismo, sino un simple deseo de provocar, cuando un adolescente de 13 años habla de asesinar a profesores, describe el procedimiento del que se serviría para ello y además dice que lo hará, porque según él cometer un atentado es sencillísimo… ¿no es hora de tomarle en serio? Es decir, ¿no faltó cierto sentido común a los alumnos que le escucharon? ¿Qué más necesitaban para considerar que su extraño compañero podía ser peligroso?

(1) Lunes, 20 de abril de 2015.