Lo explícito y lo implícito del viaje del Papa Francisco a Cuba

La pesadilla castrista

La noche del día que el Papa Francisco llegó a Cuba (es decir, el 19 de agosto pasado), tuve un sueño espantoso: un disidente cubano languidecía en una mazmorra; a través de sus gruesos muros, oía los vítores al Papa Francisco, que pasaba por fuera. Deseoso de escuchar alguna palabra de consuelo, pues era católico como la mayoría de los cubanos, encendía un destartalado transistor. Y las ondas le traían esto…

Quisiera pedirle a usted, señor presidente, que transmita mis sentimientos de especial consideración y respeto a su hermano Fidel.

El Papa, en el justo medio

Pero seamos justos: el Papa no sólo dijo esto (es decir, que siente ‘especial consideración y respeto’ por un dictador, por un golpista, por un perseguidor de la Iglesia católica durante años y de la opinión libre hasta el día de hoy), sino que añadió:

A su vez, quisiera que mi saludo llegase especialmente a todas aquellas personas que, por diversos motivos, no podré encontrar y a todos los cubanos dispersos por el mundo.

¿Debemos entender que con la fórmula ‘personas que no podré encontrar’ el Papa quiso decir ‘presos, disidentes, miembros de la oposición al régimen de los Castro’ y que ‘cubanos dispersos por el mundo’ fue un modo de llamar a los ‘exiliados’? Posiblemente.

Francisco tenía que hilar muy fino, desde luego: saludar a los mandamases del país y, simultáneamente, no olvidar a quienes ellos mantienen encarcelados por delitos de opinión que, fuera de Cuba —en cualquier país civilizado y democrático, quiero decir—, nadie consideraría como tales. Además, debía preservar la imagen de la Iglesia católica, de modo que no pareciese demasiado beligerante con los Castro y su dictadura, y que a los sacerdotes y feligreses les sea permitido seguir predicando su fe y asistir a misa.

Lo explícito y lo implícito

Expresaré ya lo que creo, por si no se intuye: el problema es que el Papa Francisco contemporizó demasiado con la dictadura. Sin atacarla directamente (ya que esto le hubiera vetado la entrada en Cuba), al menos podía haber dirigido una mera salutación protocolaria a su principal responsable; en vez de eso, le manifestó explícitamente su ‘consideración y respeto’, con escarnio para quienes nunca podrán admitir que Fidel Castro merezca semejante trato, sino el que recibiría un gobernante dañino y grotesco. En cambio, al referirse a ellos, el Papa fue implícito: los que no están aquí ‘por diversos motivos’ no mentados, ‘los dispersos por el mundo’ a causa de algo que extrañamente se omite, aunque debe de ser grave si ha provocado esa diáspora… Pero ni una palabra, en este caso, de apoyo considerado y respetuoso: como si los cubanos ausentes, y los emigrados y expulsados de la isla, no lo esperaran, o como si no lo necesitaran, en especial los muchos que son católicos y veneran al Papa.

Francisco, la libertad y las bienaventuranzas

Por desgracia, no es la primera vez que algo parecido ocurre: ya hubo un Papa admirable que cometió el mismo error: Juan Pablo II se reunió con Pinochet en 1987, durante su visita a Chile (1). La cuestión, me parece a mí, es: pasemos por alto que debe usted tragarse el sapo de saludar a un militar que se ha erigido en dictador de un país; pero luego: ¿qué le impide a usted pronunciar tres homilías, de una hora cada una, en La Habana, Holguín y Santiago de Cuba sobre la libertad… para que él y sus secuaces se vayan enterando de lo que significa, en la práctica, ese concepto? Textos evangélicos no le iban a faltar. Y si alguien se queja, no tiene usted más que replicar: ‘Es palabra de Dios’… puesto que así lo cree literalmente. Y amén.

Censuraría usted, de este modo, a quienes hacen uso de la violencia para impedir que los ciudadanos se expresen libremente, y alentaría, por un tiempo al menos, a los necesitados de una plática confortadora en medio de tanta escasez y opresión. Es decir, que sería la voz de estos últimos: la de los mansos, los que lloran, los que buscan la paz, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia, los injuriados y perseguidos. La voz que reivindicó Cristo en suma; y la que debe hacer suya su Vicario en la tierra si es que, como dice el Catecismo, «las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad». De lo contrario, quizá algún día haya que escribir una Deontología para viajes papales.

(1) El cardenal Roberto Tucci, fallecido en abril de este mismo año, contó una vez que Juan Pablo II era consciente de que «reyes, dictadores y gobernantes corruptos lo llevaban por todas partes para aprovecharse de su imagen, pero era el precio a pagar por encontrarse con la gente».

Psicología y fe

No quiero hablar aquí de los aspectos religiosos de la película Francisco, el padre Jorge (Beda Docampo Feijóo, 2015), que acaba de estrenarse en España. Pero me interesa la relación, a veces controvertida, entre fe y psicología, pues los sentimientos religiosos establecen una tensión hacia modelos de vida que inspiran profundamente a la persona con vocación y la llevan a un conjunto de actuaciones específicas, acordes con esta llamada, que considera divina.

Todo esto está en la película sobre la vida del Papa Francisco, junto con algo más: la proyección social de la fe, es decir, el deseo de hacerla visible y eficaz, transformándola en misión o acciones de servicio al prójimo. Aunque no siempre se practica, esta misión es inherente a la mayor parte de las religiones. En efecto, quien no concibe su fe como algo meramente teórico o cultual, sabe que es ineludible que ésta tenga repercusiones en su vida y ve con desconfianza la actitud de los llamados ‘creyentes no practicantes’, lo que a su vez puede generar suspicacias en quienes creen que ‘no hay para tanto’, que la religión no debe exagerarse y que vivir mundaneado es mejor o acarrea menos complicaciones.

Se piense lo que se piense sobre la conversión y la vocación, desde el punto de vista psicológico son experiencias muy poderosas, en principio positivas, puesto que implican una vuelta de la persona hacia sí misma y a la vez un aumento de la empatía por los demás, pero también perturbadoras, especialmente cuando enfrentan al converso o vocacionado con su familia —como se observa en varias escenas de Francisco, el padre Jorge—, con una casta política y empresarial corrupta, o con los delincuentes de la Mafia; y, dentro del grupo religioso del converso, cuando someten a éste a voluntades ajenas que, con la excusa de una dirección espiritual, pueden hacerle caer en diversas formas de inautenticidad personal.

Cartel de la película de Docampo Feijóo. (imagen: Filmaffinity.)

Cartel de la película de Docampo Feijóo. (Imagen: Filmaffinity.)

Lo primero, orden en casa

El Papa Francisco, con Barack Obama. (Imagen: aldiadallas.com)

El Papa, contra la pena de muerte en EEUU. Perfecto. Pero no se vaya usted tan lejos, Santidad, a defender tal cosa. Convenza primero a los redactores del Catecismo de la Iglesia católica (1992), aún vigente, que escribieron:

«2267. La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas.»

Los gobernantes americanos que mantienen la pena de muerte pueden hacerlo, de momento, en nombre de la misma doctrina católica que comparte usted con ellos. Sí, es lo que piensan sobre la pena de muerte: que es el último recurso de la sociedad para defenderse de algunos agresores.

Los valores según el papa Francisco

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La colección del Papa, los domingos junto con el diario ‘El Mundo’.

El diario El Mundo saca hoy, 8 de marzo, el primer libro de una serie de 15 dedicada a los valores morales y los niños… Todo ello auspiciado por el papa Francisco y la Fundación Scholas. Nos parece una feliz idea. La colección, llamada Biblioteca con Francisco a mi lado, contará con los siguientes libros:

1. La alegría
2. El coraje
3. La sencillez
4. La esperanza
5. La autoestima
6. La solidaridad
7. El esfuerzo
8. La diversidad
9. La creatividad
10. La prudencia
11. La amistad
12. La dignidad
13. La generosidad
14. La familia
15. La paz

(Facebook, 8 / marzo / 2015)