Hemingway y los Sanfermines: una reflexión sobre la vitalidad de las calles españolas

Se opine lo que se opine sobre algunas fiestas españolas —y mi opinión es negativa cuando se obliga a intervenir en ellas a pobres animales exasperados—, son evidentes la energía vital y el entusiasmo callejero con que se manifiestan. Y esto, que no es tan habitual en otros países, además de guardar relación con el optimismo y la explotación de las potencialidades humanas, es una cualidad española que ha sido destacada por numerosos viajeros y escritores extranjeros, desde Próspero Mérimée a Théophile Gautier, Giacomo Casanova, George Orwell, Gerald Brenan, Richard Ford o Ernest Hemingway.

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La biografía de Hemingway que escribió el autor de ‘La naranja mecánica’.

Con ocasión de los Sanfermines que estos primeros días de julio se festejan en Pamplona, quizá sea oportuno recordar lo que atrajo precisamente a Hemingway (Oak Park, Illinois, 1899–Ketchum, Idaho, 1961) a visitar nuestro país y conocer los encierros, según nos lo explica Anthony Burgess, uno de sus biógrafos y famoso autor, además, de la novela La naranja mecánica:

«Hemingway realizó su primera visita a España no para realizar ningún trabajo periodístico, sino porque sentía curiosidad; Iberia era el único territorio latino que no conocía. Se sintió impresionado por una corrida que vio en Madrid y llegó a convencerse de que las corridas de toros eran un ritual trágico más que un simple deporte sangriento. De regreso a París, Gertrude Stein le instó para que visitara Pamplona, en Navarra, durante las fiestas de San Fermín en julio. (…) Fueron a Pamplona, se sintieron fascinados, quedaron encantados. Había barrocas procesiones religiosas, se bebía hasta la embriaguez, se bailaba el ‘riau–riau’, estaba el matutino correr de los toros (…) a través de las empedradas calles (…) y los rientes y temerarios jóvenes pamplonicas corriendo delante de los astados. Hemingway se convirtió en aficionado in excelsis. Idolatró al torero Nicanor Villalta; si tenían un hijo lo iban a bautizar con el nombre de Nicanor Villalta Hemingway» (1).

(1) Anthony Burgess, Hemingway, Salvat, Barcelona, 1987, pp. 56–57.

El reto del día sin quejas

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Se trata de no quejarse durante 24 horas. Si no te sale, no importa: es lo normal. No te quejes porque no te sale… ¡y vuelve a intentarlo! La mente nos lleva a veces por derroteros insistentemente derrotistas… ¿Aceptas el reto de evitar esta tendencia durante un día… o más?

La versión original del libro ‘Coaching personal’.

Nota: abajo, en la calle, suena con molesta reiteración el claxon de un coche y el autor de estas líneas ha estado a punto de… quejarse, pero no: practiquemos el día sin quejas, como si no hubiera coches ni molestias, sino solamente un bonito día de verano tras la ventana.

(La sugerencia y el cuadro, levemente modificado con fin de adaptarlo al mes de julio, pertenecen a Raquel del Rosario, bloguera de la revista Elle, quien a su vez cita como fuente a Pam Richardson, autora del libro Coaching personal, Parramón, Badalona, 2005, 160 págs.)

Optimismo y enfermedad

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¿Descubriremos algún día un tema sobre el que Isaac Asimov (1920–1992) no escribiera nada?

Cuentos, novelas de ciencia ficción, libros de historia, ciencia y tecnología, electrónica, química, física, matemáticas, cosmología, paleontología, robótica, energía nuclear, una guía de la Biblia…

Y, además, Asimov tenía un gran sentido del humor, como demostró al publicar Las propiedades endocrónicas de la tiotimolina resublimada (no existe tal compuesto), confianza en las posibilidades de la humanidad gracias a los progresos de la ciencia y un optimismo que no le abandonó nunca… pese a saber que padecía sida, una enfermedad que contrajo como consecuencia de una transfusión sanguínea y que le acompañó durante nueve años.

(Facebook, 7 / marzo / 2015)