Entre yunque o martillo, se quedan con el martillo

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El extraordinario libro del historiador alemán Joachim Fest (Berlín, 1926—Kronberg, 2006).

Después de hablar a los alumnos del nazismo, algunos preguntan si no hubo alemanes que se opusieran a Hitler o defendieran a los judíos. Claro, algunos… poquísimos.

Cuando alguien es cruel en la historia, siempre hay grandes masas que o bien se ponen de perfil o bien colaboran con él. Debemos tenerlo en cuenta, porque los desmanes se repiten y, sometidos a la propaganda mediática, no siempre nos resulta fácil decidir cuándo debemos combatir lo que muchos consideran aceptable… sin serlo. Es decir, que a veces hay que precaverse de la influencia de las masas, demasiado domeñables por mandamases astutos.

¿Un par de ejemplos? Algunos dirigentes políticos españoles, con respecto a la dictadura venezolana (porque eso es lo que es y da lo mismo que Maduro haya sido elegido; Hitler también lo fue) o al yihadismo asesino («no hay que meterse en los asuntos internos de otros países», dicen), están manifestando esta misma actitud de no querer enterarse, de mirar hacia otro lado, de contextualizar exculpatoriamente las responsabilidades o repartirlas entre muchos.

Es la morralla de la historia, la falta de nobleza, la insolidaridad, el comportamiento  que acaba siendo obliterado con desprecio… porque preferimos el ejemplo moral de Sebastian Haffner, Oskar Schindler o Joachim Fest.

Pero es que es arriesgado decir ‘Yo no’ cuando las masas se ponen de parte de un movimiento totalitario y éste, por supuesto, goza de un poder casi inapelable. Una heroicidad, de hecho, en medio de una propaganda favorable a un partido que emerge con fuerza, controla los medios de comunicación y el sistema educativo y, mediante consignas y clichés populistas, logra primero extender y luego imponer su neolengua farfullera. No digamos ya si da un paso más y, aparte de violentar el lenguaje, emplea la violencia contra las personas: lo normal es que muchas queden paralizadas por el miedo.

En otras circunstancias quizá protestarían, se enfrentarían al poder dañino que condiciona sus vidas y la de sus conciudadanos. Convertidas en masa, vigiladas, amenazadas con represalias si ayudaran a quienes son tomados como chivos expiatorios, se reconcentran en su incierta cotidianidad y procuran pasar inadvertidas. Otras colaboran con el nuevo poder, convencidas de que no hay modo de neutralizarlo o incluso aceptando sus excesos más deletéreos. Es penoso, indigno, pero así es, así ha sido a menudo en la historia: el héroe lo es precisamente por su excepcionalidad.

Tiroteo en la ciudad de Kierkegaard

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Portada del diario danés ‘B.T.’

El fanatismo islamista ha vuelto a atentar (1) contra la libertad de expresión y la vida de las personas.

Primero fue en Nueva York (septiembre de 2001), luego en Moscú y Bali (octubre de 2002), Madrid (marzo de 2004), Beslán (septiembre de 2004), Ámsterdam (noviembre de 2004), Londres (julio de 2005), otra vez Moscú (marzo 2010), Estocolmo (diciembre de 2010), Fráncfort (marzo de 2011), Toulouse (marzo de 2012), Boston (abril de 2013), Ottawa (octubre de 2014), Sídney y Peshawar (diciembre de 2014), París (enero de 2015), y ahora en Copenhague. A éstos hay que añadir los muchos actos terroristas cometidos durante los últimos quince años en Israel, Arabia, Marruecos, Yemen, Sudán, Irak, Nigeria, Filipinas, la India y otros países.

La lista es casi interminable y, desgraciadamente, cabe suponer que sigue inconclusa. Y aunque hay un trasfondo religioso cuya revisión debería corresponder a los propios partidarios del islam, es cierto que los terroristas dan a esta religión una interpretación histérica y asesina que no puede justificarse por el Corán y que la mayoría de los musulmanes rechaza.

Dando por descontado este rechazo, sería muy necesaria una Ilustración en el islam capaz de permitir que algunos librepensadores, mediante el uso autónomo de la razón un uso no meramente tolerado, sino hasta fomentado como deseaba Kant, hicieran compatible la fe en Alá y su profeta Mahoma con la libertad de conciencia, la pluralidad de opiniones y el laicismo propios del siglo XXI.

Y, por otra parte, en Europa deberían tenerse menos remilgos a la hora de combatir lo que no es fe, sino fervor por el asesinato y ganas de someter al prójimo cuando cualquier fanático considera que alguien no tiene derecho a ser infiel, ateo, cristiano o lo que su conciencia le dicte.

(1) El domingo, 15 de febrero de 2015.

Ayer en Dinamarca, hoy en Libia

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Algunos de los cristianos coptos pasados a cuchillo.

El islamofascismo sigue cometiendo atrocidades en el mundo. La de hoy (1), veintiuna decapitaciones en una playa de Libia.

Los así ejecutados eran simples trabajadores de nacionalidad egipcia. Pero eran también cristianos coptos; han muerto, por lo tanto, como mártires de su fe. La tibieza de Occidente anima a los terroristas del Estado Islámico a aumentar cada día unos cuantos puntos el grado de su crueldad.

El papa Francisco ha dicho:

«Ellos sólo dijeron ‘Jesús ayúdame…’ La sangre de nuestros hermanos cristianos es un testimonio que clama. Sean católicos, ortodoxos, coptos o luteranos, no importa: ¡son cristianos!».

(1) Lunes, 16 de febrero de 2015.

Iconoclasia y libertad

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Iconoclasia en el Museo de Mosul (Irak).

Si esto (1) hacen algunos en nombre de Alá que fue «el que nos lo pidió», según han dicho en un arrebato alucinado de intolerancia con las obras de arte asirias, es de suponer lo que harían con todo el arte cristiano occidental, impío para ellos, con nuestro cine, nuestra pintura, nuestras revistas de pensamiento; con numerosos programas de televisión y conciertos de música; con nuestra libertad.

Por eso, cuando se ven estas cosas, más cabe alegrarse de los logros de la Ilustración, de que aquí un artista como Mapplethorpe pueda exhibir penes en sus fotografías y Bukowski titular Erecciones, eyaculaciones, exhibiciones uno de sus libros de relatos; de que a los ilustradores Paweł Kuczyński y El Roto les sea posible satirizar a diario contra el capitalismo y todos podamos leer las novelas de Solzhenitsyn o Reinaldo Arenas contra los sistemas comunistas; de que Andréi Zviáguintsev importune a Putin con Leviathan, Erik Gandini a Berlusconi con Videocracy y Evan Goldberg y Seth Rogen a Kim Jong-un con La entrevista; de que las mujeres puedan vestirse con trikini (o como les venga en gana, o hasta no vestirse en algunas playas), y los hombres llevar barba o no llevarla, comprar una revista como Charlie Hebdo, e incluso otras como Lib o Interviú, sin que ningún clérigo pueda prohibírselo; o de que una pareja de homosexuales pueda ver reconocidos a sus hijos legalmente, y una mujer conducir o beber alcohol; de que no haya carne halal o haram por imposición, sino la que cada uno desee comprar en el supermercado; y de que haya colegios no religiosos, actividad económica y laboral cualquier Sabbat del año, vendedores de perritos calientes al sol durante el Ramadán, o más música que la sacra durante la Semana Santa; en definitiva, de que exista libertad individual y social, con todas sus inconveniencias, es cierto, pero garantizada por la ley y no sometida al capricho de cuatro dementes con poder político, religioso o ambos a la vez… ¡y además armados!

(1) Devastar el Museo de Mosul, a finales del mes de febrero de 2015.

(Facebook, 27 / febrero / 2015)

Contra la intolerancia, Kant

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El más famoso libro de Kant publicado en la colección ‘Sepan Cuántos…’ de la editorial Porrúa.

Dicen los padres de los terroristas tunecinos (1) que no sabían que sus hijos se habían radicalizado y piden ayuda para que Occidente evite que esto suceda a otros jóvenes del país.

Lo dicen ellos: se radicalizaron allí, no por Internet; allí mismo, en mezquitas de Túnez. ¿Será esto también una acusación ‘islamofóbica’? No parece. ¡No van a ser islamófobos hasta los mahometanos de religión y cultura!

Pero quiero aportar mi propia sugerencia de pedagogía neutralizante del yihadismo: contra la excitación de las bajas pasiones provocada por el fanatismo religioso, dos horas diarias de estudio de la Crítica de la razón pura de Kant… a fin de excitar más altas altas: la pasión de saber, la pasión de entender, la pasión de tolerar.

(Facebook, 21 /marzo / 2015)

(1) Del ataque al Museo Nacional del Bardo, 25 muertos, 18 de marzo de 2015.