Hecha su obra, Wert se casa

Que cada uno recuerde a José Ignacio Wert (n. Madrid, 1950), recién sustituido ministro de Educación de España, por lo que más deteste. Aquí deploraré siempre que haya sido el responsable político de la eliminación de la filosofía como asignatura obligatoria en bachillerato. Los alumnos, a los 17 años, seguirán siendo tan díscolos como cualquiera a esa edad, pero ya no tendrán herramientas intelectuales para enfrentarse al poder. Justo lo que se buscaba, sin duda: una bovina docilidad acrítica.

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El supresor de la filosofía José Ignacio Wert en una imagen de ‘El Mundo’.

Sobre esta intención, que me parece clara, el diario El Mundo ha destacado la falta de inteligencia emocional del hasta ahora ministro de Educación:

«A José Ignacio Wert (Madrid, 1950) le ha pasado como al sabiondo de la clase que no acierta a comprender cómo, siendo más listo que nadie, cae mal a todo el mundo. Su talento ha supuesto también su condena: alguna vez ha confesado en privado la perplejidad que le causa el hecho de que, siendo uno de los miembros más preparados del Ejecutivo, no haya logrado una pizca de reconocimiento ni dentro ni fuera del PP. Fue premio extraordinario fin de carrera (el número uno de su promoción de Derecho) y acumula matrículas de honor, pero ha sufrido más protestas y huelgas que nadie en el Ejecutivo. Habla seis idiomas, pero ha sido el ministro peor valorado del Gobierno. Está curtido en la sociología y el análisis de la opinión pública, pero ha descuidado los dos principios más básicos de la política: hay que escuchar y negociar. Le ha faltado inteligencia emocional» (1).

Adenda: Informa Público de que, realizada su obra, José Ignacio Wert ha salido de España con dirección a París, ciudad en la que va a casarse con una antigua colega del Ministerio de Educación. Albricias, por lo tanto, para ambos… Supongo que serán unas nupcias laicas; si fueran católicas, los esposos comulgarían con Cristo transustanciado, extraño concepto que el señor Wert quizá todavía comprenda —pues se deriva del de ‘sustancia’—, pero no los alumnos de ‘su’ bachillerato, ajenos a las filosofías de Aristóteles y santo Tomás de Aquino; se trataría, además, de una ceremonia religiosa y Wert sabría por qué el nihilismo se opone a la religión, pero no los alumnos que deja en España, porque Nietzsche —tan caro, hasta ahora, a los adolescentes— les será desconocido gracias a él; finalmente, es muy probable que los recién casados pasearan su amor París, ciudad en la que nacieron Voltaire, Saint-Simon, d’Alembert, Malebranche, Maritain, Sartre, Klossowski y Finkielkraut, nombres sin ningún significado ya para los jóvenes españoles despojados de la filosofía, es decir, del meollo de las humanidades, deleznable para un ministro que estuvo más preocupado por el inglés y las matemáticas.

(1) El resto del artículo sobre la gestión de Wert en: http://http://www.elmundo.es/espana/2015/06/25/558c6739268e3e16448b45b1.html

(Facebook, 26 / junio / 2015.)

La filosofía, opcional (como el señor Wert)

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El núcleo de las humanidades, desde ahora prescindible en el menú ofrecido a los alumnos. Así saldrán: bien estabuladitos del bachillerato, es decir, bovinamente domeñables, sumisos al poder político o a cualquier otro, y no porque no quieran ser díscolos —va con la edad—, sino porque carecerán de herramientas intelectuales para ello.

Pero, aunque a primera vista el ministro de Educación nos parezca un tanto refractario a la filosofía, conviene mirar más de cerca, porque en algo se parecen él y la filosofía que tan irresponsablemente anima a que los alumnos descarten: AMBOS SON OPCIONALES.

Y desde luego que elegiremos.

Noúmeno y fenómeno como camino de tolerancia

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Immanuel Kant (Königsberg, Prusia, 1724–ibídem, 1804)

¿Cómo fomenta la enseñanza de la filosofía la tolerancia entre los alumnos? A veces por caminos insospechados, pues no hace falta siquiera mencionar el concepto: la enseñanza puede ser indirecta y sin embargo eficaz.

Nos damos cuenta de esto cuando explicamos en clase los conceptos kantianos de ‘noúmeno’ o cosa en sí y ‘fenómeno’ o cosa para mí. La distinción es clara: nuestros sentidos son limitados; sólo percibimos una parte de la realidad. Esto obliga, de forma inmediata, a revisar nuestra epistemología, que pecó de realismo hasta Descartes, pero también nuestra ética, pues como defendió Sócrates saber que no lo sabemos todo es una invitación a la humildad (¿cómo podría decir que poseo la verdad?) y al contraste de pareceres (¿qué otra cosa puedo hacer, para ampliar mi conocimiento de la verdad, sino cotejar mi opinión con la de los demás?).

Una cosa, dice Kant, es la realidad y otra, parecida pero sólo un poco, la realidad que yo percibo. Hay colores que para los que no tengo ni siquiera receptores, pero que forman parte del mundo cincundante y una mosca ve; sonidos a los que mi perro es sensible y yo no; y hay, por supuesto, objetos tan lejanos en el tiempo y el espacio que quizá nunca lleguaré a conocerlos.

Soy limitado, porque mis sentidos lo son. Esto significa que mi verdad no podrá ser nunca definitiva, sino susceptible de recibir nuevas aportaciones, destinadas entonces a redondear mi visión de la realidad; pero, incluso teniendo en cuenta estas ampliaciones, mi visión de la realidad seguirá siendo una de tantas, porque la verdad de cada persona lo dirá más tarde Ortega es sólo una perspectiva. Valiosa, insustituible, pero una más. Si existe algo así como la verdad total, la verdad de todas las cosas que pueden ser conocidas, nadie la tiene; o bien es la suma de todas las perspectivas sólo accesible a Dios, si es que Dios existe y su ojo, como suele decirse, todo lo ve (no en su caso desde un punto de vista, sino holísticamente, como habría de corresponder a una visión que fuera divina).

En consecuencia, las ideologías absolutistas, las concepciones políticas sin parangón y las religiones que sólo toleran amenes parten del error intelectual de confundir lo fenoménico con lo nouménico; y son también una mostruosidad en nombre de la cual se cometen crímenes que no sólo carecen de justificación religiosa o política, sino filosófica y moral porque, como dijo también Ortega, no hay ser humano en este mundo al que no le pertenezca una porciúncula de verdad. Pretender que toda la verdad está contenida en un solo libro, en una sola fe o en un solo profeta, persuadir de ello a los jóvenes y amedrentar con esta doctrina a los considerados infieles es propio de ignorantes que necesitarían leer a Kant en vez de repetir jaculatorias.

Excelencia Herder

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Una página de la ‘Encyclopaedia Herder’ de filosofía.

La editorial Herder sacó hace algún tiempo una Encyclopaedia de filosofía en línea que me parece excelente.

Dividida en varios apartados, nombrados en latín (categoriae, concepta, vitae, bibliotheca, fontes), esta Encyclopaedia cuenta también con un ágora para la participación de los internautas, una librería y la sección llamada lexikon, que incluye, informatizadas, las siguientes obras de consulta:

Diccionario de Filosofía — Walter Brugger

Enciclopedia de obras de filosofía — Franco Volpi

Historia de las mujeres filósofas — Gilles Ménage

Diccionario enciclopédico de sociología — Karl-Heinz Hillmann

→ El resto, aquí mismo: http://encyclopaedia.herdereditorial.com/wiki/Página_principal

(Facebook, 19 / julio / 2014)

Filosofía y biofilia

Veintiocho siglos de filosofía explicados cada curso a tantos alumnos ya…

Por contraste, todo esto me hace pensar en los fanáticos que se dedican a decapitar prisioneros, usar a niños como kamikazes y destrozar el patrimonio cultural de la humanidad. Necesitarían veintiocho minutos diarios con cada filósofo para valorar algo, siquiera un poco, la vida humana y sus logros.

¿Fue Erich Fromm quien definió la biofilia como ‘la pasión por lo viviente’? Éste es justamente el sentimiento que suscita el repaso histórico del esfuerzo del ser humano por explicar, filosóficamente, el origen de la realidad y de sí mismo.

Uno de los volúmenes de la extraordinaria 'Historia de la Filosofía' de Copleston.

Uno de los volúmenes de la extraordinaria ‘Historia de la Filosofía’ de Frederick Copleston (1907-1994).