Una rehabilitación del castrismo

Gracias a la nueva política de transigencia de la Administración Obama, los hermanos Castro han conseguido ser rehabilitados en el ámbito de la diplomacia internacional sin una sola concesión previa del régimen dictatorial cubano a la libertad ni a la democracia.

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El periódico oficial de la dictadura cubana anuncia el acuerdo Castro-Obama

Ningún arrepentimiento

Y como prueba de esta falta de interés por la concesión, las mismas palabras de Granma, el panfleto oficial del Partido Comunista Cubano, que ayer explicaba así el acuerdo entre los Castro y Obama:

«Cuba se siente orgullosa de su ejecutoria en la garantía del ejercicio pleno de los derechos humanos».

Significativamente, la palabra ‘ejecutoria’ viene del verbo ‘ejecutar’… Y es evidente que, desde algunos puntos de vista, lo mismo se pueden ejecutar derechos humanos que humanos hechos y derechos: allí, por ejemplo,en la isla-cárcel, la dictadura castrista no ha hecho distingos.

Ninguna credibilidad tampoco

Quien haya leído Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas, o Sin pan y sin palabras, de Raúl Rivero, o Cómo llegó la noche, de Huber Matos, o Billete al paraíso, de Daniel García Carrera, o La vida oculta de Fidel Castro, de Juan Reinaldo Sánchez (ex guardaespaldas del dictador cubano); quien haya sufrido con la lectura de los poemas de la disidente María Elena Cruz Varela, o los blogs de Yoani Sánchez y de Ángel Santiesteban, las novelas Zoé Valdés y los ensayos de Carlos Alberto Montaner; quien haya escuchado alguna vez Cuba Libre, de Gloria Stefan, y Por si acaso no regreso, de Celia Cruz; quien se haya sentido conturbado por los testimonios de Las Damas de Blanco, el difunto político Oswaldo Payá, el periodista Guillermo Fariñas, el médico Darsi Ferrer Ramírez o el actor Andy García (quien ha dicho, entre otras cosas muy sinceras, que «lo que tiene que cambiar en Cuba es el embargo de derechos humanos que tienen los Castro sobre el pueblo»)… ¿le quedará algún ánimo para jamarse esta muela de la propaganda castrista con refrendo estadounidense?

(Facebook, 16 agosto 2015)

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Obama se cansa de defender a los disidentes cubanos

Histórico apretón de manos entre Barack Obama, presidente de una nación con partidos políticos y elecciones libres, y Raúl Castro, el dictador regente de Cuba.

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Obama desea pasar página y olvidar. Los presos de conciencia, seguro que no.

Viendo esta fotografía publicada por El Mundo, y sobre todo leyendo la declaración del señor Obama, dan ganas de preguntarle: pero ¿de qué página habla usted? ¿Es que han empezado a ser libres los cubanos? ¿O cuando despiertan, cada mañana, ven que ahí sigue, como el dinosaurio de Monterroso, la siniestra hermandad que les oprime? ¿Es que ya no hay represaliados por la dictadura de los Castro, ni disidentes encarcelados, ni exiliados?

Mientras la condescendencia de Obama pasa a la historia, Carlos Payá, el hermano del fallecido Oswaldo —el director del Proyecto Varela—, ha dicho esto sobre Cuba: «Allí todo el mundo se siente vigilado hasta en el baño». Y Andy García, habanero nacido en Regla, ha sido aún más incisivo: «Estados Unidos perpetúa a los Castro».

(Facebook, 15 abril 2015)

Lo explícito y lo implícito del viaje del Papa Francisco a Cuba

La pesadilla castrista

La noche del día que el Papa Francisco llegó a Cuba (es decir, el 19 de agosto pasado), tuve un sueño espantoso: un disidente cubano languidecía en una mazmorra; a través de sus gruesos muros, oía los vítores al Papa Francisco, que pasaba por fuera. Deseoso de escuchar alguna palabra de consuelo, pues era católico como la mayoría de los cubanos, encendía un destartalado transistor. Y las ondas le traían esto…

Quisiera pedirle a usted, señor presidente, que transmita mis sentimientos de especial consideración y respeto a su hermano Fidel.

El Papa, en el justo medio

Pero seamos justos: el Papa no sólo dijo esto (es decir, que siente ‘especial consideración y respeto’ por un dictador, por un golpista, por un perseguidor de la Iglesia católica durante años y de la opinión libre hasta el día de hoy), sino que añadió:

A su vez, quisiera que mi saludo llegase especialmente a todas aquellas personas que, por diversos motivos, no podré encontrar y a todos los cubanos dispersos por el mundo.

¿Debemos entender que con la fórmula ‘personas que no podré encontrar’ el Papa quiso decir ‘presos, disidentes, miembros de la oposición al régimen de los Castro’ y que ‘cubanos dispersos por el mundo’ fue un modo de llamar a los ‘exiliados’? Posiblemente.

Francisco tenía que hilar muy fino, desde luego: saludar a los mandamases del país y, simultáneamente, no olvidar a quienes ellos mantienen encarcelados por delitos de opinión que, fuera de Cuba —en cualquier país civilizado y democrático, quiero decir—, nadie consideraría como tales. Además, debía preservar la imagen de la Iglesia católica, de modo que no pareciese demasiado beligerante con los Castro y su dictadura, y que a los sacerdotes y feligreses les sea permitido seguir predicando su fe y asistir a misa.

Lo explícito y lo implícito

Expresaré ya lo que creo, por si no se intuye: el problema es que el Papa Francisco contemporizó demasiado con la dictadura. Sin atacarla directamente (ya que esto le hubiera vetado la entrada en Cuba), al menos podía haber dirigido una mera salutación protocolaria a su principal responsable; en vez de eso, le manifestó explícitamente su ‘consideración y respeto’, con escarnio para quienes nunca podrán admitir que Fidel Castro merezca semejante trato, sino el que recibiría un gobernante dañino y grotesco. En cambio, al referirse a ellos, el Papa fue implícito: los que no están aquí ‘por diversos motivos’ no mentados, ‘los dispersos por el mundo’ a causa de algo que extrañamente se omite, aunque debe de ser grave si ha provocado esa diáspora… Pero ni una palabra, en este caso, de apoyo considerado y respetuoso: como si los cubanos ausentes, y los emigrados y expulsados de la isla, no lo esperaran, o como si no lo necesitaran, en especial los muchos que son católicos y veneran al Papa.

Francisco, la libertad y las bienaventuranzas

Por desgracia, no es la primera vez que algo parecido ocurre: ya hubo un Papa admirable que cometió el mismo error: Juan Pablo II se reunió con Pinochet en 1987, durante su visita a Chile (1). La cuestión, me parece a mí, es: pasemos por alto que debe usted tragarse el sapo de saludar a un militar que se ha erigido en dictador de un país; pero luego: ¿qué le impide a usted pronunciar tres homilías, de una hora cada una, en La Habana, Holguín y Santiago de Cuba sobre la libertad… para que él y sus secuaces se vayan enterando de lo que significa, en la práctica, ese concepto? Textos evangélicos no le iban a faltar. Y si alguien se queja, no tiene usted más que replicar: ‘Es palabra de Dios’… puesto que así lo cree literalmente. Y amén.

Censuraría usted, de este modo, a quienes hacen uso de la violencia para impedir que los ciudadanos se expresen libremente, y alentaría, por un tiempo al menos, a los necesitados de una plática confortadora en medio de tanta escasez y opresión. Es decir, que sería la voz de estos últimos: la de los mansos, los que lloran, los que buscan la paz, los misericordiosos, los que tienen hambre y sed de justicia, los injuriados y perseguidos. La voz que reivindicó Cristo en suma; y la que debe hacer suya su Vicario en la tierra si es que, como dice el Catecismo, «las bienaventuranzas dibujan el rostro de Jesucristo y describen su caridad». De lo contrario, quizá algún día haya que escribir una Deontología para viajes papales.

(1) El cardenal Roberto Tucci, fallecido en abril de este mismo año, contó una vez que Juan Pablo II era consciente de que «reyes, dictadores y gobernantes corruptos lo llevaban por todas partes para aprovecharse de su imagen, pero era el precio a pagar por encontrarse con la gente».