Los solidarios teóricos

ScreenShot

Residencia de San Esteban, en Neguri (Vizcaya) (Imagen: Picasa)

En España, la obtención de certificados de izquierdismo y amistad con los pobres requería tradicionalmente del trámite siguiente: leer El País o votar al PSOE (ahora hay que ver La Sexta o votar en clave populista). Por lo que he podido comprobar, era una mera burocracia que no implicaba entremezclarse con los pobres reales y dolientes: bastaba con hablar en su nombre. Lastimosamente, nunca he pertenecido a ninguno de estos dos grupos de desinteresados y solidarios con carné oficial.

Sin embargo, mientras estas gentes estaban de fiesta o ligando en Ibiza, yo me pasé un verano de campamento con jóvenes con síndrome de Down. Tan cerca estuve de ellos que faltó poco para contagiarme de la sarna que afectaba a una de las muchachas. En otra ocasión, un señor encamado se quejó de que mis manos estaban demasiado frías cuando le ayudaba a colocarse en la silla de ruedas, pero su mujer, agradecida, me regaló unas cestitas de plástico hechas con trizas de bolsas de supermercado.

Nunca fui, además, a clases de psicología evolutiva en la universidad: en vez de eso, visité durante años a una señora con problemas de visión. Declarado objetor de conciencia, me libré del ejército pero el Estado me envió a pasear a un anciano de 90 años, su hija disminuida psíquica de 55 y un perro. Formábamos una troupe muy simpática. Recuerdo que ella estaba sorda y hablaba atronadoramente. Cuando pasaba una mujer con minifalda, indefectiblemente soltaba cosas como: «¡¡¡Padre, mira esa guarra!!!». Y él contestaba: «¡Calla, necia, calla!». Terminada la prestación social obligatoria, aún visité a este hombre durante años: cogía mi bicicleta y me presentaba en la residencia de ancianos de Neguri (la de la foto adjunta). Muchos allí deseaban las galletas que yo llevaba solamente a Jesús y me lo hacían saber extendiendo los brazos.

Unos inmigrantes chilenos llamaron en cierta ocasión al piso que compartía con otras personas en Bilbao. Sin que ellas lo supieran, y con mi cómplice José Manuel Redondo, acogimos y dimos de comer a estas personas hasta que hallaron alojamiento en un albergue. Antes yo les había pagado varias noches de hostal. La recepcionista, por cierto, hizo una pregunta prejuiciosamente xenófoba: «Pero vosotros, ¿podéis pagar?». «¡Yo puedo!», repliqué. Uno de estos jóvenes se trasladó luego a Madrid y al poco me llamó por teléfono: necesitaba dinero. Pedí a mi amigo Rosen, residente en esta ciudad, que le diera 35.000 pesetas. «Lo hago porque tú me lo pides», me dijo. Siempre me han gustado mis amigos: se fían de mí. «Dáselas, Rosen, te las devolveré».

En Cáritas he conocido a marroquíes sin papeles que soñaban con montar una frutería; venezolanos huyentes del régimen totalitario de Maduro; ucranianas taciturnas que deseaban ser peluqueras en España; rumanos que nunca habían sido tratados de usted por un español; bolivianos de dulce acento cochabambino; colombianos expuestos al vértigo como limpiacristales de grandes edificios; empresarios españoles tan venidos a menos que acabaron necesitando la ayuda de la Iglesia católica; y familias mexicanas, peruanas, ecuatorianas y hasta guatemaltecas; muchas personas diversas, por lo tanto. De todas he aprendido mientras otros coleccionaban amantes. Enorme bien les haga su intensa vida social.

No quiero hacer manifestación de alardes benéficos. Sólo decir que, aparte de las pesas, los cactus y los libros, me interesan pocas cosas: soy un proletario de gustos sencillos. Pero he estado implicado en causas sociales siempre. Así que a otro con esos cuentos de lo solidario que soy por votar a la izquierda mientras tú vas… ¡a la COPE, cadena de la derecha!

Cinco comentarios sobre inmigrantes y refugiados

¿Fortaleza = no inmigración? No parece

A fin de justificar la impermeabilidad de las fronteras, David Cameron (n. Londres, 1966), el primer ministro británico, ha dicho: «Un país fuerte es aquel que controla la inmigración, no el que permite situaciones ilegales».

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Imagen: ‘Noticias Cuatro’.

El aserto parece de dudosa verdad, sobre todo si recordamos el ‘crisol’ multiétnico de los Estados Unidos, país que se hizo fuerte y poderoso gracias al aporte de los inmigrantes. Sin embargo, es cierto que las aduanas existen… Si lo que se pretende es dejar pasar a cualquier persona, entonces debería pensarse en su desaparición, con los riesgos derivados de ello, porque no sólo pasaría gente honrada, deseosa de trabajar y prosperar, sino también narcotraficantes y otros delincuentes. Se trata, indudablemente, de un problema complejo.

(Facebook, 6 / agosto / 2015)

Son náufragos, no gaviotas

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Cabezas en la superficie: una fotografía publicada por ‘El País’.

Angustiosa imagen en la portada de El País, el 8 de agosto de 2015, con una información en la que se dice: «Decenas de personas esperan su rescate tras el naufragio de un barco que salió de Libia el miércoles».

(Facebook, 8 / agosto / 2015)

‘Soluciones’ ACNUR

Dice ACNUR, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, lo que podría decir cualquier ONG, que «hay que ayudar a los países que envían emigrantes a Europa», pero no cita al ISIS, principal responsable de que esas personas necesiten ayuda y de que no puedan recibirla sin riesgo para los ayudadores; y tampoco dice lo fundamental: que las situaciones de pobreza se derivan de conflictos políticos internos, no de la solidaridad europea, que ha sido mucha y lo seguirá siendo.

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Imagen: ‘Al rojo vivo, programa de La Sexta’.

Algún día se enterarán en ACNUR de que el «We are the world, we are the children, we are the ones who make a brighter day» no sirvió para nada… o para nada bueno: engrosar los bolsillos de algunos dictadores africanos. Pero la cantinela sigue: ¡qué mala y poco acogedora es Europa!

(Facebook, 31 / agosto / 2015)

Un niño sobre la arena

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Fotografía del ‘Diario de León’: ciertamente la vemos, pero apenas podemos mirarla.

Forma parte de una mente sana aceptar la realidad, que no sólo es agradable, sino también hosca, violenta y cruel; pero ni con mil años de psicología positiva sería moralmente asumible lo que muestra esta imagen, y la indignación moral y la pesadumbre son también signos de equilibrio mental.

¿Es difícil solucionar el problema de los inmigrantes sirios, iraquíes y afganos llegados en masa a Turquía, Grecia, Macedonia, Hungría, Chequia y Austria? Seguramente; tanto al menos como inexcusable hacerlo. ¿Huyen de guerras y pobreza? Quién no lo haría, si pudiera, en su situación. ¿O es que es preferible una vida sometida al fanatismo diabólico del Estado Islámico? Desde luego que no.

Se necesitan ideas y remedios, y hay políticos que fueron elegidos para proponerlos: no deberían perder más tiempo. Para eso, entre otras cosas, cobran… y ya han muerto demasiadas personas.

(Facebook, 3 / septiembre / 2015)

Familia entre raíles

La portada de ABC con la que nos hemos amanecido este primer viernes de septiembre es impresionante en un sentido literal: nos impresiona no sólo visual sino personalmente el drama de estos refugiados procedentes de Siria, Irak, Afganistán y otros lugares.

Ello se debe a que los refugiados añaden un daño al propio de los inmigrantes: salir de su país no por un mero deseo de prosperidad, sino perseguidos. Y hay que recordar que el derecho de asilo está garantizado por nuestras leyes; es, por lo tanto, una obligación legal y no sólo moral el acogimiento.

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Portada de ‘ABC’ el 4 de septiembre de 2015.

Pero se siguen sin mencionar los motivos del éxodo, el porqué de la guerra en los países de origen, las persecuciones a los cristianos y otras minorías, el mal absoluto que constituye el Estado Islámico… Nadie querría vivir sometido a tales presiones y lo normal es huir; pero también los judíos huyeron, mientras pudieron, de los nazis y finalmente no bastó con que algunos países muy pocos los acogieran: hubo que combatir a Hitler.

(Facebook, 4 /septiembre / 2015)

Totalmente de acuerdo: que los políticos dejen de poner deberes

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Imagen: ‘Rebelión de padres contra los deberes’, una de las noticias de portada en ‘El País’ del 15 de mayo de 2015.

¿Alguna vez han oído hablar de profesores que mandan demasiados deberes a los alumnos? No es una noticia exacta: los deberes los mandan los políticos.

El enigma está aquí: organícese usted para seguir a rajatabla un plan de estudios inabarcable (lo de diseño curricular se lo dejamos a los partidarios de la neolengua de la LOGSE), con lecciones prolijas en datos, fechas y ejercicios, comentarios de texto, lecturas y películas recomendadas, exposiciones, debates en clase y un sinnúmero de actividades más.

Concilie después esta carga lectiva con programas de atención a la diversidad; preparación de reválidas, pruebas de ‘conocimientos y destrezas’ y exámenes de inglés; reuniones con mediadores en conflictos escolares, juntas de nivel, departamento y claustro, citas con padres y con el psicólogo del centro; festivales, días patronales, días internacionales, excursiones, viajes ‘de estudio’ y visitas a museos, casas natales y fábricas de cerveza; corrección de exámenes, redacción de absurdos informes para la administración e imponderables varios.

Si consigue usted dar una parte del temario, felicidades: queda acreditada su competencia como profesor y también que sin duda desempeña usted su oficio en España. Pero lo más probable es que le falte tiempo, porque los políticos, y algunos pedagogos afines, no han pensado en usted cuando idearon los mastodónticos planes de estudio que tan paupérrimo resultado dan —porque, a la postre, la cáscara es tan gruesa como ínfima la nuez— y que no han sacado a España de un lugar retrasado en los programas de evaluación de la OCDE.

Y entonces, como no le llega la hora de clase para impartir cuanto la administración le ha encomendado, pone usted ‘deberes para casa’. Así, además de que los alumnos se harten definitivamente de usted, conseguirá que se vayan habituando a las ajetreadas peculiaridades de la vida moderna: mucho estrés, angustiosa escasez de tiempo libre y presiones políticas por doquier.

(Facebook, 15 / mayo / 2015)