¿Deberes escolares? Desde luego… ¡para los políticos!

Por si no fueran susficientes las clases y las actividades extraescolares, deberes para casa. ¿Cuándo crerán que pueden jugar los niños? (Imagen: www.lasprovincias.es).

Por si no fueran suficientes las clases y las actividades extraescolares, deberes para casa. ¿Cuándo creerán que los niños pueden jugar? (Imagen: http://www.lasprovincias.es).

Los niños ya están muchas horas haciendo su deber en clase. Demasiadas. Pero no vamos a reprochar a los profesores que manden deberes para casa —aunque, ciertamente, algunos los manden con una insólita fruición… o como si no recordaran lo bueno que era, durante su infancia, jugar en la calle a las 6 de la tarde—, porque la culpa de este exceso es de los políticos.

Sí: cuando el plan de estudios —o currículum en la neolengua de la LOGSE, que no ha desaparecido con la LOMCE— está saturado de lecturas, esquemas, debates, exposiciones, mapas conceptuales y otros elementos pedagógicos, es decir, cuando es mastodóntico e inabarcable, resulta imposible desarrollarlo en toda su amplitud dentro del horario lectivo.

Pero… ¡hay que cumplir objetivos! —esa losa inamovible de los objetivos—, lo que sobre todo significa que el profesor no es libre para podar tan frondoso árbol curricular. Además, los inspectores de educación se pasean de vez en cuando por los centros docentes a fin de comprobar, entre otras cosas, que el seguimiento de los programas es exhaustivo en cada asignatura.

De modo que los deberes los ponen, en realidad, los políticos. Los profesores sólo intentan cumplir con la monumental tarea que aquellos les encomiendan.

Sería ciertamente magnífico —y abogamos por ello— si esta minuciosa labor inspeccionadora se extendiera también a otros colectivos laborales. El de los políticos, por ejemplo. Así veríamos si cumplen con el programa electoral… o bien tienen demasiadas tardes desocupadas. Y que fueran sancionados cuando alguna de sus promesas hubiera quedado desatendida. O que tuvieran deberes: el primero de ellos, ¡dejar a los profesores enseñar con libertad!

Silencio, se estudia

Bibliotecas públicas repletas de estudiantes. Hay aire acondicionado, pero se nota poco: hace calor (mucha gente respirando y sol de mayo contra las cortinas). Todos los años, por estas fechas, el mismo estrés, las mismas caras preocupadas. Libros por doquier, subrayados llamativos, resúmenes y esquemas. Y ahora también móviles, tabletas y ordenadores portátiles. Los profesores conocemos esta angustia: jugárselo todo, académicamente hablando, en unos pocos días. La promesa del verano y el deseo de que no esté lastrado con suspensos que lo harían menos satisfactorio; las prisas, los apuntes que no se tomaron bien, las lecturas precipitadas, los ensayos escritos a última hora y las notas de corte para el ingreso en la universidad o, ya en ella, las que permitirán o no conseguir una beca. ¿Sabéis? Veinte años después aún tengo esta pesadilla: que mañana hay examen ¡y no sé una palabra de la teoría de la verdad de Saul Kripke, o la hermenéutica de Paul Ricoeur o de La arqueología del saber de Michel Foucault! Veinte años después… ¡Así que os deseamos mucha sue…! No, mejor: ¡que se cumplan vuestros deseos de éxito!

Noticia adjunta: «Siete bibliotecas de Madrid abren 24 horas y 5 amplían su horario para preparar los exámenes», 20 Minutos,12.5.2011.http://http://www.20minutos.es/noticia/1048297/0/bibliotecas/examenes/madrid/

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Totalmente de acuerdo: que los políticos dejen de poner deberes

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Imagen: ‘Rebelión de padres contra los deberes’, una de las noticias de portada en ‘El País’ del 15 de mayo de 2015.

¿Alguna vez han oído hablar de profesores que mandan demasiados deberes a los alumnos? No es una noticia exacta: los deberes los mandan los políticos.

El enigma está aquí: organícese usted para seguir a rajatabla un plan de estudios inabarcable (lo de diseño curricular se lo dejamos a los partidarios de la neolengua de la LOGSE), con lecciones prolijas en datos, fechas y ejercicios, comentarios de texto, lecturas y películas recomendadas, exposiciones, debates en clase y un sinnúmero de actividades más.

Concilie después esta carga lectiva con programas de atención a la diversidad; preparación de reválidas, pruebas de ‘conocimientos y destrezas’ y exámenes de inglés; reuniones con mediadores en conflictos escolares, juntas de nivel, departamento y claustro, citas con padres y con el psicólogo del centro; festivales, días patronales, días internacionales, excursiones, viajes ‘de estudio’ y visitas a museos, casas natales y fábricas de cerveza; corrección de exámenes, redacción de absurdos informes para la administración e imponderables varios.

Si consigue usted dar una parte del temario, felicidades: queda acreditada su competencia como profesor y también que sin duda desempeña usted su oficio en España. Pero lo más probable es que le falte tiempo, porque los políticos, y algunos pedagogos afines, no han pensado en usted cuando idearon los mastodónticos planes de estudio que tan paupérrimo resultado dan —porque, a la postre, la cáscara es tan gruesa como ínfima la nuez— y que no han sacado a España de un lugar retrasado en los programas de evaluación de la OCDE.

Y entonces, como no le llega la hora de clase para impartir cuanto la administración le ha encomendado, pone usted ‘deberes para casa’. Así, además de que los alumnos se harten definitivamente de usted, conseguirá que se vayan habituando a las ajetreadas peculiaridades de la vida moderna: mucho estrés, angustiosa escasez de tiempo libre y presiones políticas por doquier.

(Facebook, 15 / mayo / 2015)