Instituciones perfectibles

Propuestas en positivo para un país deseable (II)

Uno puede sentirse justificadamente irritado por el uso que algunos políticos y cargos públicos han hecho de las instituciones en provecho propio. Pero esto no significa que haya que destruir las instituciones, sino excluir a los aprovechados (1).

Es decir: censurar la cleptomanía es lo que esperan los ciudadanos de un partido que asiente sus principios sobre bases morales; en cambio, la irrupción en el Parlamento de un brioso grupo equino —empeñado en hollar las lujosas alfombras, cocear el mobililiario y relinchar por los pasilloses una opción impropia de un país civilizado.

(1) Ortega y Gasset habló  de esto mismo, hace muchos años, en su libro La rebelión de las masas, sosteniendo lo siguiente:

Existe toda una serie de objeciones válidas al modo de conducirse los ScreenShotParlamentos tradicionales; pero si se toman una a una, se ve que ninguna de ellas permite la conclusión de que deba suprimirse el Parlamento, sino, al contrario, todas llevan por vía directa y evidente a la necesidad de reformarlo. Ahora bien: lo mejor que humanamente puede decirse de algo es que necesita ser reformado, porque ello implica que es imprescindible y que es capaz de nueva vida. (…) Por eso exigimos de quien proclama la ineficacia de los Parlamentos, que posea él una idea clara de cuál es la solución de los problemas públicos actuales.

(La rebelión de las masas, Espasa-Calpe, Madrid, 1937, pp. 182-183.)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s